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💥#2 El Big Bang del motero rebelde.

Seguimos rodando, motero

En esto de las motos hay dos grupos: los que las aman y los que las odian. Y no es ningún secreto que los del segundo grupo no nos miran con buenos ojos.

Parece que sacarse el carnet y comprarse una moto hoy en día viene con un "regalito" extra: el cartel de "delincuente" o de tipo peligroso pegado en la espalda.

Pero, ¿sabes qué?

Esto no es nuevo.

No somos los "malos" de la peli por el powerwheelie que te marcaste ayer saliendo de la rotonda (el que pueda hacerlo, claro; yo no). Todo este estigma del "Biker del infierno" tiene una fecha de nacimiento exacta.

El momento en el que la prensa y Hollywood decidieron que nosotros íbamos a ser, para siempre, los villanos.

Parches de los Vietnam Vets MC. CC: Phoenician Patriot / Wikimedia Commons.

El origen: Guerreros sin guerra

Para entender cómo llegamos a ser los "malos", hay que irse un poco más atrás y entender primero de dónde venimos.

Respuesta corta: la posguerra.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, miles de soldados regresaron a casa.

Tipos que estaban acostumbrados a la adrenalina pura, a la maquinaria pesada y, sobre todo, a jugarse el pellejo cada día junto a sus hermanos de armas. De repente, se ven atrapados en una vida "tranquila" y rutinaria que les asfixia.

El gobierno empieza a vender las motos sobrantes de la guerra a buen precio, y esos veteranos vieron ahí su vía de escape.

Fue la forma que encontraron para recuperar esa sensación de libertad y hermandad que tanto echaban de menos.

Así nacieron algunos de los primeros moteros.

Si lo piensas, nuestro ADN sigue siendo el mismo

  • Adrenalina: Nos gusta ese puntito de riesgo que te recuerda que estás vivo.
  • Máquina: Amamos los motores que rugen y vibran. Si no hace ruido, no es una moto, es un electrodoméstico.
  • Hermandad: Si te veo tirado en el arcén, me voy a parar. Fin de la historia.

Hasta ese momento, no éramos más que gloriosos veteranos de guerra disfrutando de nuestras máquinas.

Y sí, humanos que habían visto mucha mierda en el frente; era normal que, con un par de cervezas de más, la cosa se animara.

Calle San Benito. En este mismo asfalto fue donde miles de motociclistas se congregaron en 1947. CC: BrendelSignature / Wikimedia Commons.

La gasolina: Hollister, 1947

Todo cambió en Hollister, un pequeño pueblo de California, Estados Unidos.

Un pueblo con buenas carreteras y sitios amplios para aparcar, con una posición estratégica que lo convirtió en el punto de reunión perfecto cada año para los moteros de la época.

Pero, específicamente del 3 al 6 de julio de 1947, ocurrió algo nunca visto.

Miles de moteros llegaron a la ciudad, casi duplicando la población local. La policía, obviamente, se vio desbordada.

Al principio era lo de siempre: exhibiciones, charlas, cerveza y colegueo.

Pero como era lógico, con tanta gente y tanto alcohol, la fiesta se acabó saliendo de control. Hubo carreras ilegales, alguna pelea y mucho, mucho ruido.

Con tanta gasolina derramada, solo faltaba la chispa

¿Y quién puso la llama? La prensa.

Logo de la revista responsable de crear el mito del "motero rebelde". Su cobertura convirtió el incidente de Hollister en una leyenda nacional. CC: Dominio público / Wikimedia Commons.

El montaje que lo cambió todo

La revista Life olió la sangre (y el dinero) y decidió enviar a sus reporteros a cubrir la noticia. Pero como lo "normal" no vende, decidieron exagerarlo todo.

El reportaje no nos describía como veteranos liberando tensión, sino como una invasión bárbara.

Pero las palabras no eran suficientes; necesitaban pruebas.

Salieron con sus cámaras en busca de la foto que corroborara su historia. Y como no la encontraron... la crearon.

Acompañando la publicación, plantaron la foto de un "biker" borracho sobre su moto. Cualquier motero de verdad siente orgullo de su máquina, pero esa moto en especial estaba estratégicamente rodeada de botellas de cerveza tiradas por el suelo. Un escenario perfecto.

A día de hoy se sabe que fue un montaje

Que la escena fue creada.

Se aprovecharon de las circunstancias y de un motero cooperativo bajo los efectos del alcohol para sacarlo todo de contexto.

Ilustración propia: una recreación visual de la trampa mediática que la prensa nos tendió en Hollister.
Por motivos de derechos de autor no puedo mostrar la fotografía original en este artículo, pero te dejo el enlace para que puedas verla por ti mismo.

Te agradezco de corazón que hayas llegado hasta aquí. Cada domingo publico historias como esta, así que, si te gusta lo que lees y no quieres perderte la próxima, no te vayas sin unirte al club.

Lo que fue una concentración que se fue de las manos, ellos lo bautizaron como un "motín"

Los titulares recorrieron todo el país y, de la noche a la mañana, pasamos de ser veteranos a ser los indeseables de la carretera.

Como consecuencia de todo este revuelo, ocurrió un hecho fascinante.

La AMA (American Motorcyclist Association) emitió una declaración con la intención de calmar a la sociedad estadounidense.

Su mensaje

"El 99% de los moteros son ciudadanos honestos y respetuosos. Los problemas son causados solo por el 1% restante."
Este parche fue adoptado con orgullo por quienes decidieron vivir fuera de las normas establecidas. CC: Dominio público / Wikimedia Commons.

A los moteros más rebeldes, esta definición les encantó.

Lejos de ofenderse, declararon con orgullo: "Nosotros somos ese 1%".

Y de esa simple declaración nació uno de los parches más icónicos en la historia del motociclismo.

Hollywood hace caja

Pero la cosa no quedó ahí. Hollywood necesitaba hacer taquilla, vio el filón que había creado ese reportaje y decidió rodar la primera película del género: The Wild One (¡Salvaje!).

La mítica Triumph Thunderbird que condujo Marlon Brando en The Wild One (1953), una película inspirada directamente en los disturbios de Hollister. CC: Midnight bird / Wikimedia Commons.

Hasta ese momento, el público de la gran pantalla no conocía bien la cultura biker, así que Hollywood se encargó de "educarlos".

Pero claro, mostrar al motero apasionado por su máquina y la camaradería no vende entradas.

Mejor mostrar a un motero rebelde, chulo y problemático. Eso sí que factura.

Por cierto, si quieres ver esta peli, al final del artículo te dejo en comentarios dónde verla.

El resultado final (y un pequeño desahogo)

Ya conoces la frase: una mentira repetida mil veces se transforma en verdad.

La realidad de lo sucedido en Hollister fue mucho menos dramática. La mayoría de los problemas fueron arrestos menores por beber en la calle o conducción temeraria.

No hubo violencia extrema ni el pueblo quedó reducido a cenizas. De hecho, hoy en día Hollister está orgulloso de esa historia, tiene murales conmemorativos y nos recibe siempre con los brazos abiertos.

Pero la mentira de Life y Hollywood se repitió lo suficiente como para quedarse grabada en el inconsciente colectivo.

Dejaron la mente de la gente llena de prejuicios:

  • Los moteros son peligrosos
  • Son unos irresponsables
  • Son criminales

Y mira, que no me cuenten cuentos. Los moteros no somos los únicos que rompemos alguna norma de vez en cuando.

Estoy cansado de ver situaciones de peligro causadas por todos los demás: coches pegados al móvil, camiones despistados, ciclistas suicidas y peatones que cruzan sin mirar.

Y si hacemos ruido, perfecto.

Lo hacemos para que sepan que vamos ahí, porque somos vehículos vulnerables y, qué demonios, porque nos encanta cómo suena nuestra máquina.

Ya me he desahogado.

De esa forma, la motocicleta evolucionó: pasó de ser un transporte funcional a la fiel compañera de veteranos de guerra, hasta consolidarse como la montura icónica de los "bikers del infierno".

Aunque ahora que lo pienso, creo que hasta me alegro.

Quién sabe si, de no haber sido por esa foto falsa y ese estigma rebelde, nunca hubiese surgido este mundillo tal y como lo conocemos.

Quizás no se hubiese forjado esta hermandad, ni hubiesen aparecido máquinas como la Hayabusa. 😉

Sí, sí... has leído bien.

La próxima semana, entre otras cosas, estaremos hablando de esta bestia: el halcón peregrino japonés.


Listo. Segundo post de La Primera Parada completo

Espero que hayas aprendido algo nuevo —que un poco de lectura motera siempre viene bien— y, sobre todo, que lo hayas disfrutado.

Y antes de irte, si quieres ponerte al día con la actualidad motera, pásate por la sección de El Radar: ahí comparto algunas de las noticias que, para mí, han sido las más relevantes de la semana.

Nos vemos el próximo domingo.

Denis.